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Reflexión Agosto 9


Reflexión Agosto 9

Para todos, un día descansado y bendecido por el Señor.

Celebramos la solemnidad de Domingo de Guzmán, Padre y Fundador de la Orden dominicana, a la que nosotras, Religiosas Dominicas de Santa Catalina de Sena pertenecemos y,  ustedes, por consiguiente, por ser familia que lleva el sello de la espiritualidad dominicana y nuestra misión reza: “Dinamizar desde el Evangelio con espíritu dominicano”… Aquí podemos hablar de una sinergia o de unicidad de nuestro colegio con la Orden.

Gratitud para con todos por la participación en la Eucaristía que con tanto amor y dedicación preparó el Comité de Pastoral, que está activo y atento para la realización de todas estas actividades de “Colegio en Pastoral”.

Los invito a compartir en familia el Evangelio de hoy (Mateo, 14,22-33), muy propio para este momento de incertidumbre y temor que reina en la mayoría de las personas.

Podría parecer que hoy Jesús es especialmente exigente por pedirle creer a Pedro, nada más y nada menos, que se puede caminar sobre las aguas. “¡Qué poca fe!”, parece recriminarle. Será que a nosotros también nos recrimina hoy el Señor nuestra falta de fe? Tenemos miedo de seguir caminando en este recorrido de Pandemia, de aislamiento social, de incertidumbre que no nos permite mirar un panorama diferente o desde nuestro interior, creerle a Jesús y confiar en el Padre Dios que nos cuida y nos ama? Hoy podría parecer que este Evangelio sería para quien no creyera en Cristo. Pedro se hunde, precisamente, cuando su fe deja de estar anclada en Jesús y se desvía hacia el hecho extraordinario de estar caminando sobre el agua.

No siempre nos resulta fácil reconocer la presencia de Dios en nuestra vida, como nos recuerda el episodio de Elías. A veces le buscamos en grandes o extraordinarios acontecimientos y por eso no le encontramos. Pero algo tan sencillo y discreto como la oración personal puede transformarnos hasta el punto de hacernos olvidar el miedo a lo que hay bajo nuestros pies, dejándolo todo en manos de Dios.

No perdamos la esperanza ni la alegría, como nos pide el Papa Francisco. Caminemos seguros en las manos de Dios y confiemos en la protección de la Santísima Virgen, en Quien Domingo y tantos otros santos confiaron en tiempos difíciles y experimentaron siempre Su ayuda y protección.

Ojalá compartan en familia y miren qué reflexión pueden hacer y a qué conclusión llegar. Esto ayuda a cultivar y fortalecer la vida espiritual.

Con especial afecto,

Sor Inés de Jesús Torres D.o.p.

 

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